Minería Geopolítica · Davos 2026
Davos 2026. Cuarto Eje de análisis. Europa (Von der Leyen y Macron) y China: cómo se narra el nuevo orden
En los discursos de Ursula von der Leyen, Emmanuel Macron y He Lifeng aparece la capa más estructural del debate: cómo debe organizarse el sistema internacional en una época de fragmentación.
Minería Geopolítica
ene 2026 · Autores: Marta Rivera | Eduardo Zamanillo
Desde Europa, la conversación se articula en torno a independencia, competitividad y protección frente a la coerción económica. Desde China, el énfasis está en defender la globalización y el multilateralismo como un “gran buque” que no conviene partir en bloques, y en presentar a China como fábrica y mercado dentro de ese orden.
Este eje recoge la forma en que von der Leyen habla de independencia europea y reconfiguración de interdependencias, cómo Macron añade la dimensión de competitividad, IA y uso de herramientas anticoerción, y cómo He Lifeng responde defendiendo la globalización y reclamando un multilateralismo más inclusivo. El objetivo es ver, al final, qué dicen juntos sobre la arquitectura del orden y qué implica eso para la geopolítica de los recursos.
Este texto forma parte de nuestra serie de análisis de Davos 2026 en Geopolitical Mining. Si quieres ver el marco completo desde el que leemos estos discursos, puedes revisar el artículo Davos 2026: coordenadas de la nueva era geopolítica .
1. Von der Leyen: independencia europea en un mundo fracturado
Ursula von der Leyen abre su intervención con una idea central: el mundo ha cambiado de forma permanente y el viejo orden no va a volver. Propone que Europa abandone la nostalgia y asuma el cambio como punto de partida, no como anomalía.
Su relato se organiza en tres capas:
El cambio como condición estable
Plantea que los shocks geopolíticos recientes (guerra, tensiones comerciales, rivalidad tecnológica) no son un paréntesis. Son señales de una nueva etapa. Si el cambio es permanente, dice, la respuesta europea también tiene que serlo.
Independencia a través de cómo Europa se conecta con el mundo
Von der Leyen no propone cerrarse, sino reconfigurar interdependencias. Usa como ejemplo el nuevo acuerdo comercial UE – Américas, firmado tras décadas de negociación, y lo presenta como un mensaje claro: preferencia por el comercio “justo” frente a una escalada de aranceles, asociaciones estratégicas en vez de aislamiento, diversificación y de-risking en vez de dependencia crítica de un solo proveedor o ruta.
A partir de ahí, enumera otros acuerdos en marcha (con México, Indonesia, países del Golfo, India, ASEAN), todos bajo la misma lógica: vincularse con los centros de crecimiento del siglo XXI, pero reduciendo vulnerabilidades.
Una agenda interna para sostener esa independencia: mercado único, capital y energía
Von der Leyen baja el concepto de independencia a tres campos concretos. Regulación y mercado único: reconoce que muchas empresas se encuentran con reglas distintas en cada Estado miembro. Eso convierte el mercado de 450 millones de personas en un mosaico difícil de escalar.
Por eso plantea un “28th Regime” y una especie de “EU Inc.”: un conjunto único de normas que permita operar en toda la Unión y registrar una empresa en 48 horas, completamente en línea.
Capital: señala que Europa necesita una verdadera unión de ahorro e inversión para financiar innovación, industria y pymes sin depender en exceso de mercados externos.
Energía: identifica la energía como un punto de estrangulamiento. Propone una unión de la energía basada en interconexiones, nuclear y renovables, con el objetivo de bajar precios y reducir la dependencia de fuentes externas.
En la parte final, Von der Leyen enlaza economía y seguridad. Habla de un aumento fuerte del gasto en defensa, del auge de empresas europeas del sector y del Ártico como espacio donde se cruzan seguridad, comercio y recursos. Defiende que los aliados no deberían entrar en una espiral de aranceles y anuncia una agenda europea propia para inversión y presencia en la región.
En conjunto, su discurso dibuja una Europa que quiere seguir abierta, pero con otra arquitectura: más capacidad propia, más diversificación y una relación distinta entre mercado, energía y defensa.
2. Macron: competitividad, IA y firmeza frente a la coerción
Emmanuel Macron se mueve en la misma familia de temas, pero coloca el acento en dos elementos: la competitividad industrial y la respuesta a la coerción económica.
Por el lado económico, parte de un diagnóstico incómodo: Europa lleva demasiado tiempo con bajo crecimiento y eso alimenta la sensación de declive y el malestar político interno. Frente a esa realidad propone una agenda en tres ejes:
Preferencia europea en sectores estratégicos
Macron sostiene que Europa necesita usar sus propias herramientas de política industrial, fiscales y de compras públicas para sostener cadenas de valor europeas en campos clave: tecnologías limpias, defensa, inteligencia artificial, datos, industria avanzada. No habla de cerrar el mercado, pero sí de tomar decisiones conscientes sobre qué quiere producir dentro, con qué escala y con qué apoyo.
Simplificación para que las empresas puedan moverse
Reafirma el diagnóstico de que la complejidad regulatoria y administrativa desincentiva inversión y proyectos. Pide un entorno más simple y previsible para las empresas, en la línea de lo que plantea Von der Leyen, pero con un énfasis fuerte en convertir esa simplificación en parte de una estrategia de competitividad, no sólo en una reforma técnica.
IA, cuántica y “physical AI” como campo donde Europa puede ganar
Macron insiste en que Europa no está condenada a ir detrás en tecnología si sabe jugar desde sus fortalezas: industria, ingeniería, sectores intensivos en capital físico. Habla de una IA aplicada a robots, maquinaria, procesos industriales (“physical AI”) y de tecnologías como la cuántica o el espacio como ámbitos donde la combinación de tradición industrial y capacidades científicas europeas puede traducirse en ventaja real, si hay decisión política y capital disponible.
En el plano geopolítico, Macron profundiza la discusión sobre poder. Plantea que Europa no puede aceptar un mundo en el que “el más fuerte” impone costo a sus socios mediante aranceles, sanciones extraterritoriales o presiones comerciales unilaterales.
Defiende el uso de instrumentos como el mecanismo anticoerción europeo cuando sea necesario, no como gesto simbólico, sino como herramienta real para responder a prácticas que percibe como abusivas. Y sostiene que el multilateralismo y el Estado de derecho internacional sólo serán creíbles si Europa está dispuesta a usar las herramientas que tiene cuando se cruzan ciertas líneas.
Con esto, Macron refuerza la imagen de una Europa que quiere ser actor tecnológico e industrial relevante y no sólo mercado, y que está dispuesta a combinar valores, instrumentos económicos y poder regulatorio para defender esa posición.
3. He Lifeng: globalización como “gran buque” y defensa del multilateralismo
El discurso de He Lifeng parte también de la idea de que vivimos una transformación “no vista en un siglo”, marcada por unilateralismo, proteccionismo y tensiones geopolíticas. La diferencia es que, frente a esa descripción, China no adopta un lenguaje de independencia, sino de defensa de la globalización y del multilateralismo.
Su relato se articula en tres bloques:
La metáfora del “gran barco” y el rechazo a la fragmentación
He retoma imágenes recurrentes de Xi Jinping: la idea de que intentar devolver las aguas del océano a “lagos y arroyos aislados” va contra la historia, o que frente a las crisis globales los países no van cada uno en su pequeño bote, sino en un mismo barco.
Con esa metáfora sostiene que la globalización económica, basada en especialización y cooperación, ha sido una fuerza positiva y que romperla en bloques es costoso e ineficiente.
Multilateralismo con reforma, no abandono de reglas
Aporta datos sobre cómo ha caído la proporción del comercio regido por el principio de nación más favorecida y cómo la fragmentación puede reducir el PIB mundial. A partir de ahí critica las guerras comerciales, el uso político de acuerdos preferenciales y las medidas unilaterales que, según él, violan las reglas de la OMC.
China se presenta como actor que: respeta el marco multilateral, está dispuesto a reformar la OMC y el FMI para dar más voz al Sur Global, y quiere que las reglas se refuercen, no que se abandonen.
China como fábrica y mercado, dentro de ese orden
He subraya que China no quiere ser sólo “fábrica del mundo”, sino también “mercado del mundo”. Insiste en que el consumo interno está por debajo del nivel de los países desarrollados, que la expansión de su clase media es prioridad y que la demanda interna se ha colocado en la parte alta de la agenda económica.
Reafirma la política de reforma y apertura: más acceso al mercado, más apoyo a la innovación, cadenas de suministro seguras y estables y alineamiento con reglas económicas de alto estándar.
En conjunto, su discurso propone una arquitectura donde la globalización continúa, pero reformada e incluyente, con un papel central para China como gran productor y gran mercado.
4. Qué muestran juntos sobre la arquitectura del orden
Si se leen en conjunto Von der Leyen, Macron y He Lifeng, se ve un diálogo claro sobre cómo reorganizar el sistema internacional:
- Comparten el diagnóstico de que el mundo cambió de forma permanente. Europa y China reconocen que la etapa anterior (de globalización relativamente estable, baja inflación y comercio con pocas restricciones geopolíticas) terminó. No discuten el hecho, discuten la respuesta.
- Europa se reconfigura hacia independencia, competitividad y protección frente a la coerción. Von der Leyen propone una Europa que reduce dependencias críticas, diversifica socios, fortalece su mercado interno, su unión de capitales y su unión energética. Macron complementa esa visión con un énfasis fuerte en política industrial, preferencia europea en sectores clave, IA y tecnologías avanzadas, y en el uso activo de herramientas como el mecanismo anticoerción.
- China defiende la continuidad de la globalización, pero con un multilateralismo más representativo. He Lifeng insiste en que dividir el sistema en bloques es dañino y que el camino es reforzar, no abandonar, las instituciones multilaterales. Propone que esas instituciones reflejen mejor el peso del Sur Global y de las economías emergentes, y plantea que la expansión de la clase media china y su consumo pueden ser una fuente central de crecimiento global.
- Las reglas se vuelven instrumentos de poder e inclusión. Para Europa, sirven para proteger un modelo que combina mercado, Estado de derecho, transición energética y base industrial propia. Para China, sirven para garantizar un entorno donde pueda seguir integrando su industria y su mercado sin quedar aislada por bloques rivales.
La fragmentación ya no es una hipótesis; es el escenario de trabajo. Europa responde construyendo independencia responsable y una agenda de competitividad e innovación. China responde defendiendo la globalización y proponiendo un multilateralismo reformado.
En ambos casos, la conversación vuelve siempre a lo material: quién produce qué, quién controla las cadenas de valor, cómo se financian y se regulan esas cadenas, y con qué grado de dependencia energética y de recursos se entra en esta nueva fase.
Ahí es donde la minería y los minerales estratégicos dejan de ser “tema sectorial” y pasan a ser parte del diseño del orden: tanto para la Europa que quiere de-risking e independencia, como para la China que quiere ser, al mismo tiempo, fábrica y mercado de referencia.
5. Cómo este eje alimenta el marco general
Este eje Europa – China aporta una pieza clave al marco general que trazamos en el artículo principal: las reglas y los acuerdos dejan de ser telón de fondo y pasan a ser herramientas explícitas de poder y de inclusión.
- Refuerza el giro de la era financiera a la era material, ahora visto desde la arquitectura del orden. Von der Leyen y Macron no hablan sólo de tratados o instituciones en abstracto. Hablan de acuerdos comerciales concretos, de un “EU Inc.” para operar en los 27 como si fueran un solo mercado, de una unión de la energía, de unión de capitales, de inversiones en defensa, IA, cuántica y tecnologías físicas. He Lifeng responde con cadenas de suministro “seguras y estables”, mercado interno chino como motor, y reforma de la OMC y del FMI.
- Muestra que las reglas se reescriben para proteger modelos de desarrollo concretos. Europa se mueve hacia independencia responsable y mecanismos anticoerción. China defiende globalización con un multilateralismo más inclusivo. Las reglas del juego se vuelven el espacio donde se negocia qué tipo de desarrollo se considera legítimo y qué dependencias se corrigen o se toleran.
- Conecta directamente orden, fragmentación y disputa por recursos y cadenas de suministro. Cuando Europa habla de independencia energética, de gigafactorías, IA física o mecanismos contra la coerción, está pensando en no quedar atrapada en dependencias críticas de terceros. Cuando China defiende la globalización y su rol como fábrica y mercado, defiende su posición en cadenas de valor y su acceso a recursos y mercados.
Por eso, el eje Europa – China es algo más que una discusión de “modelos” o “valores”. Es el lugar donde se ve cómo los grandes bloques están tratando de asegurar su base material (energía, industria, tecnología, recursos) con instrumentos jurídicos y comerciales. Y es también el espacio donde la minería geopolítica entra de lleno.
Este eje dialoga con los otros ejes que analizamos a partir de Davos 2026. Si quieres ver cómo se articula con el resto del mapa puedes leer el artículo completo: Davos 2026: coordenadas de la nueva era geopolítica .
Para el marco completo de Minería Geopolítica detrás de este artículo, consulta nuestro libro La Minería ha Muerto. Larga Vida a la Minería Geopolítica .
