Davos 2026 Tercer Eje de análisis. Alemania y Ucrania: seguridad europea y velocidad del Estado

A través de las voces de Friedrich Merz y Volodymyr Zelenskyy, Davos 2026 expone la tensión clave de Europa: un ambicioso rediseño de la seguridad y la competitividad en el…

Minería Geopolítica · Davos 2026

Tercer Eje de análisis. Alemania y Ucrania: seguridad europea y velocidad del Estado

En los discursos de Friedrich Merz y Volodymyr Zelenskyy, Davos 2026 condensa una pregunta muy específica: cómo se reorganiza la seguridad europea y qué tan rápido pueden reaccionar las instituciones democráticas en un entorno que se mueve más rápido que ellas.

Minería Geopolítica

ene 2026 · Autores: Marta Rivera | Eduardo Zamanillo

Merz habla desde el centro del sistema: Alemania y la Unión Europea como actor que debe asumir que ha comenzado una “nueva era de grandes potencias”, invertir de forma masiva en defensa, reformar su economía y recuperar competitividad. Zelensky habla desde el borde: un país en guerra que lleva años avisando lo mismo y que ve cómo las decisiones llegan tarde, mientras la agresión y los misiles avanzan más rápido que las sanciones, los paquetes de ayuda o los procesos internos europeos.

Este eje mira en detalle cómo Merz dibuja el triángulo seguridad – competitividad – unidad para Europa, cómo Zelensky denuncia el “Groundhog Day” de diagnósticos sin acción, y qué pasa cuando se leen esos dos discursos juntos: aparece con claridad la tensión entre diseño y velocidad, entre arquitectura estratégica y capacidad real de ejecución.

Este texto forma parte de nuestra serie de análisis de Davos 2026 en Geopolitical Mining. Si quieres ver el marco completo desde el que leemos estos discursos, puedes revisar el artículo Davos 2026: coordenadas de la nueva era geopolítica .

1. Merz: una nueva era de grandes potencias y el triángulo seguridad – competitividad – unidad

Friedrich Merz abre su discurso con una imagen fuerte: la calma de Davos contrasta con un mundo cuyo viejo orden se está desmoronando a una velocidad vertiginosa. Dice explícitamente que “una nueva era ya ha comenzado” y la define como una edad de grandes potencias donde las reglas de las últimas décadas están siendo sacudidas.

A partir de ahí, ordena el diagnóstico:

El contexto

Rusia, la guerra en Ucrania como expresión más visible de esta nueva era. China, un actor que, con previsión estratégica, se ha instalado en el rango de las grandes potencias. Estados Unidos, su posición global es desafiada y responde reconfigurando radicalmente su política exterior y de seguridad. La conclusión es clara: el orden internacional imperfecto pero relativamente estable de los últimos 30 años está siendo reemplazado por un entorno “no acogedor”, construido sobre poder, fuerza y coerción.

La respuesta que propone para Europa

Merz recoge una frase de Carney, “no podemos depender solo del poder de nuestros valores, debemos reconocer también el valor de nuestro poder”, y la convierte en hoja de ruta. Sobre esa base, resume la posición europea en un triángulo: seguridad, competitividad y unidad.

Seguridad: Europa va a invertir cientos de miles de millones de euros en defensa. Alemania, en particular, se compromete a elevar su gasto hasta el 5% del PIB, con la idea de que reforzar la capacidad militar es parte de recuperar soberanía.

Competitividad: vincula directamente la capacidad de Europa para influir políticamente con el impulso de su economía. Competitividad y poder geopolítico se presentan como dos caras de la misma moneda.

Unidad: insiste en que, en esta nueva era, Europa solo podrá actuar como actor relevante si funciona como una Unión Europea unida, y que Alemania asume una responsabilidad especial en ese esfuerzo.

En la parte final de su discurso, reconoce que Alemania y Europa han “desperdiciado un potencial enorme de crecimiento” al retrasar reformas y “restringir innecesaria y excesivamente las libertades empresariales y la responsabilidad personal”. Afirma que “la seguridad y la previsibilidad deben tener prioridad sobre la regulación excesiva y la perfección mal entendida”.

Enumera pasos concretos:

  • reducir de forma sustancial la burocracia y recuperar el espíritu original del mercado único como espacio competitivo,
  • convocar a una “cumbre especial sobre burocracia” el 12 de febrero, con propuestas como freno de emergencia regulatorio, descontinuidad legislativa y un presupuesto europeo centrado en competitividad,
  • acelerar la unión de mercados de capitales para que las empresas europeas no dependan de bolsas y bancos externos,
  • movilizar 500.000 millones de euros para modernizar infraestructura,
  • invertir en “gigafactorías de IA”, centros de datos y una agenda de alta tecnología que lleve la innovación al mercado.

La idea de fondo es que Europa no puede ser una gran potencia si no es capaz de decidir y ejecutar con mayor rapidez. La seguridad, la industrialización y la transición tecnológica dependen de esa velocidad.

En la dimensión estrictamente geopolítica, Merz coloca a Greenland como un caso concreto donde se cruzan seguridad, territorio y relación transatlántica:

  • reconoce que Estados Unidos toma en serio la amenaza rusa en el Ártico,
  • afirma que cualquier intento de adquirir territorio europeo por la fuerza sería inaceptable,
  • advierte que nuevos aranceles socavarían los fundamentos de la relación transatlántica y que, si se aplican, la respuesta europea debe ser “unida, serena, mesurada y firme”.

Con esa combinación, su discurso construye una Europa que quiere ser aliada firme de EE.UU., pero no subordinada: dispuesta a invertir masivamente en su propia defensa, a reformar su economía y a actuar como “la alianza que ofrece mercados abiertos y reglas” frente a prácticas que considera proteccionistas o arbitrarias.

2. Zelensky: Europa entre el “Groundhog Day” y la necesidad de actuar a tiempo

Zelensky entra al escenario con un recurso muy distinto: cita la película Groundhog Day para describir la sensación de repetir una y otra vez las mismas advertencias sin que cambie la respuesta europea. Dice que el año anterior cerró su discurso en Davos afirmando que “Europa debe aprender a defenderse a sí misma” y que, un año después, se ve obligado a repetir exactamente lo mismo.

Su intervención tiene dos capas:

Crítica a la lentitud y fragmentación europeas

Habla de misiles rusos en Bielorrusia, “al alcance de la mayoría de las capitales europeas”, y señala que Europa sigue en “modo Groenlandia”: esperando a ver qué hará alguien más, en lugar de actuar. Señala que, aunque existen sanciones, el flujo de petróleo ruso no se ha detenido y que las empresas que financian la maquinaria de guerra siguen operando.

Agradece la presión aplicada, pero afirma que “Europa debe hacer más” si quiere que sus sanciones sean tan efectivas como las estadounidenses. Describe una Europa “hermosa, pero fragmentada”, “un caleidoscopio de pequeñas y medianas potencias”, donde las discusiones internas, los silencios diplomáticos y el cálculo electoral permanente dificultan tomar decisiones estratégicas. La frase central es muy directa: “No se puede construir un nuevo orden mundial con palabras; solo las acciones crean orden real”.

Llamado a que Europa sea una verdadera potencia, y no solo geografía

Zelensky sostiene que Europa corre el riesgo de degradarse a “rol secundario” si no es capaz de actuar como una verdadera potencia. Afirma que muchas veces Europa “espera que alguien más diga hasta cuándo hay que resistir”, que algunos líderes “son de Europa, pero no siempre para Europa”, y que el continente sigue viéndose más como geografía, historia o tradición que como fuerza política coherente.

Plantea que Europa tiene la posibilidad de ser “una fuerza global” si actúa unida, con coraje y “a tiempo”.

En la parte final, su discurso cruza seguridad con economía de forma muy precisa. Responde a la pregunta de cómo apoyar a Ucrania diciendo que “el apoyo real” es invertir ahora, abrir oficinas, crear empleo en Ucrania, porque eso demuestra confianza en que habrá una vida independiente después de la guerra. Ahí conecta defensa, reconstrucción y presencia económica: la seguridad no se sostiene solo con armas y sanciones; también se sostiene con inversión, empleo y arraigo empresarial.

3. Lo que muestran juntos sobre seguridad europea y velocidad del Estado

Puestos uno al lado del otro, los discursos de Merz y Zelensky dibujan la fotografía más nítida de la transición de Europa hacia una geopolítica más dura y más exigente en términos de velocidad. Merz habla desde dentro: reconoce que el viejo orden se ha terminado, que Europa debe invertir de forma masiva en defensa, reformar su economía, reducir burocracia y actuar como un bloque más rápido y competitivo. Su triángulo seguridad – competitividad – unidad es una propuesta de arquitectura de largo plazo.

Zelensky habla desde el borde del sistema: señala que, mientras se construye esa arquitectura, las decisiones siguen llegando tarde. La metáfora del Groundhog Day apunta a una brecha entre el diagnóstico y la acción; el llamado a que Europa sea “una fuerza global” muestra la urgencia de cerrar esa brecha.

Aquí aparece claramente la tensión entre el diseño estructural de la seguridad europea (lo que Merz quiere hacer en términos de gasto, reformas, IA, infraestructura, reducción de regulaciones) y la “soberanía de la velocidad” que Zelensky reclama: la capacidad de tomar decisiones a tiempo, de sancionar con eficacia, de cortar flujos reales (petróleo, componentes, financiamiento) y de anclar presencia económica en territorios en conflicto o en reconstrucción.

Este punto deja dos ideas relevantes ya encaminadas:

  • La seguridad europea se está rediseñando como paquete integrado: defensa, política industrial, comercio, energía y tecnología se discuten juntos, no por separado. Tanto Merz como Zelensky lo muestran desde ángulos distintos.
  • El éxito de ese rediseño dependerá de la velocidad real de las instituciones: cuánto tardan en aprobar proyectos de defensa, infraestructura energética, redes digitales y, por extensión, proyectos mineros y de procesamiento que alimentan todo lo anterior.

Alemania y Ucrania son ejemplos claros de esta transición. Europa ya tiene el diagnóstico y el lenguaje; lo que está en juego es si logra mover sus estructuras al ritmo que exige el nuevo tablero de seguridad.

4. Cómo este eje alimenta el marco general

El eje Alemania – Ucrania ayuda a fijar, desde Europa, tres piezas clave del marco que proponemos para la nueva geopolítica:

  1. Muestra que la seguridad también se está volviendo industrial y material. Cuando Merz habla de cientos de miles de millones en defensa, de modernizar infraestructura, de gigafactorías de IA, centros de datos y unión de mercados de capitales, está describiendo una seguridad que depende de capacidades físicas: industria militar, energía, redes, tecnología aplicada. Zelensky, al pedir inversión y empleo en Ucrania como “apoyo real”, refuerza la misma idea desde el terreno: la seguridad no se sostiene sólo con declaraciones o sanciones, sino con presencia económica e infraestructura que permanezca después de la guerra.
  2. Hace visible que la soberanía de la velocidad es una cuestión existencial para las democracias europeas. Merz propone reformas para reducir burocracia, simplificar normas y acelerar decisiones. Zelensky pone el dedo en la herida: mientras todo eso se discute, los misiles siguen volando, el petróleo ruso sigue financiando guerra y las decisiones llegan tarde. La tensión entre lo que Europa dice que debe hacer y lo que consigue hacer “a tiempo” es una versión muy clara del desafío: decidir rápido sin romper principios, cohesión interna y legitimidad.
  3. Conecta directamente seguridad europea, velocidad institucional y demanda futura de recursos. Una Europa que invierte más en defensa, reconstrucción, energía y digitalización va a necesitar más acero, más cobre, más tierras raras, más componentes críticos. Una Ucrania que se reconstruye como “prueba de estrés” del sistema europeo va a concentrar proyectos de infraestructura, energía y minería ligados a ese mismo esfuerzo. La cuestión no será sólo cuánto se invierte, sino dónde se extraen y procesan los materiales, bajo qué estándares, con qué velocidad de permisos y con qué grado de legitimidad.

En conjunto, el eje Alemania – Ucrania muestra a una Europa que ya tiene el diagnóstico (sabe que el viejo orden terminó) pero que todavía está probando si puede ajustar sus instituciones al ritmo de la nueva era. Esa brecha entre lo que ve y lo que consigue hacer “a tiempo” será una de las pruebas centrales de la geopolítica de los próximos años, y uno de los lugares donde la noción de minería geopolítica se volverá más visible: en la intersección entre seguridad, industria, ciudadanía y recursos.

Este eje dialoga con los otros ejes que analizamos a partir de Davos 2026. Si quieres ver cómo se articula con el resto del mapa puedes leer el artículo completo: Davos 2026: coordenadas de la nueva era geopolítica .

Portada del libro La Minería ha Muerto. Larga Vida a la Minería Geopolítica

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